Historia de la Villa

Iglesia de la Asunción

San Antonio

El Cerrato

Palencia en la Prehistoria

Palencia Romana y Visigótica

La Repoblación

La Edad Media

La Edad Moderna

La Edad Contemporánea

 

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HISTORIA DE LA VILLA

 

Poca información existe en los archivos sobre la historia de Soto de Cerrato, debido, en buena parte, al expolio de los franceses durante la Guerra de la Independencia, así como a una escasa diligencia de los responsables eclesiásticos y municipales a lo largo de los años, que no preservaron adecuadamente los documentos que hoy darían buena cuenta del devenir histórico de esta pequeña villa.

Parece que el origen de este municipio se sitúa en unos caserones construidos junto al río Pisuerga, concretamente junto a un Soto -"sitio que en las riberas o vegas está poblado de árboles o arbustos"- situado en la comarca del Cerrato, muy cerca de la capital, y que estarían dedicados a lugar de vacaciones de la curia eclesiástica de la zona.

Vacaciones eclesiásticas

Se trata de un lugar tranquilo, donde los obispos de la época descansaban de la vorágine diaria, y que debido a su cercanía con la capital era muy utilizado, lo que propició que fuera creándose un asentamiento que terminó denominándose El Soto del Cerrato, si bien existió un núcleo poblacional primitivo, datado en el Siglo XI, que se denominó Soto de Iuso.

Esta villa de realengo (perteneciente al Rey) tenía en sus orígenes una población dedicada básicamente a la agricultura, primando en sus orígenes el cultivo de la vid por dos cuestiones fundamentales: las características del terreno, y el gusto del clero por el vino. Parece que en aquella época, la mayoría de la producción de uva de la villa se convertía en "caldo" en algunos conocidos monasterios de Castilla. 

Soto de Cerrato llegó a tener 270 viñedos, lo que le permitió contar con el lujo de tener dos barriadas de bodegas: las Bodegas de Arriba y las Bodegas de Abajo, aunque posteriormente, fueron prodigando otros cultivos como el cereal, o más recientemente la remolacha.

Coincidiendo con este período, en la alta Edad Media se construyó el primitivo templo parroquial dedicado a Santa María. Durante los siglos XVI y XVII, este templo fue reconstruido en diversas ocasiones, y en él figuraban escudos de varias órdenes militares.

Hoy su iglesia parroquial está dedicada a La Asunción de Nuestra Señora. Se trata de un templo de una sola nave con cubierta plana, adornada con yeserías del s. XVIII y presidido por un retablo barroco. En otro altar se encuentra la imagen de la Asunción del siglo XVIII, de típico estilo herreriano.

Pocos acontecimientos importantes se sucedieron en esta humilde y pequeña villa, hasta que llegó la época de la invasión francesa. Entre el año 1808 y el 1814, el Cerrato fue escenario de continuos combates. Muchas poblaciones de la comarca fueron saqueadas, y Soto de Cerrato no quedó fuera del desastre.

En 1813, concretamente los días 5, 6 y 7 de junio, las tropas francesas llegadas a la provincia con motivo de la Guerra de la Independencia, saquearon todo lo que pudieron el pueblo, robando las humildes posesiones de sus pobladores y llevándose todos los ornamentos de oro y plata de la Parroquia. Las alhajas expoliadas a la Parroquia fueron valoradas en la época en más de 2.000 reales.

Historia Contemporánea

Según el Diccionario Geográfico-Estadístico- Histórico de España de Pascual Madoz, editado en 1849, Soto de Cerrato es un "Ayuntamiento del Partido Judicial de Baltanás, situado en terreno llano y vega, a la margen izquierda del río Pisuerga, con un clima desigual ventilado por los vientos de Norte y Sur, y poco propenso a enfermedades, a no ser calenturas intermitentes. Consta de 60 casas, la municipal, escuela de primeras letras concurrida por 18 niños y dotada con 800 reales; varias fuentes fuera de la población; e Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de entrada y de provisión del ordinario." 

Continúa el Madoz afirmando que "el término municipal confina por el Norte con Reinoso, por el Este con el Río Pisuerga, por el Sur con Ontoria de Cerrato, y al Oeste con Villaviudas. Su terreno es de mediana calidad y disfruta de arenisco, arcilloso y gredoso; le baña el citado río con curso precipitado por éste término, que cuenta con un puente; además posee un pequeño monte poblado de robles". Además, en el municipio destacan dos fuentes: la del Montón y la del Arroyo de los Calces.

El Dicicionario añade que "entre los productos agrícolas que se cultivan en la localidad destacan: trigo, cebada, avena, legumbres de todas clases, vino, patatas y hortalizas. Se cría ganado lanar, mular y asnal; caza de liebres, perdices y codornices; y pesca barbos, bogas, truchas y algunas anguilas". 

La población de Soto de Cerrato en 1849, según el Madoz era de "45 vecinos y 235 almas", mientras que su extensión es de 12,9 kilómetros cuadrados y su altitud asciende a 726 metros por encima del nivel del mar.

Infraestructuras urbanas

Desde sus orígenes, la construcción del centro urbano fue muy irregular, sin ningún tipo de planificación, costumbre que ha durado hasta nuestros días, en que nos encontramos con construcciones de carácter irregular, aunque eso sí, con amplias calles que permiten una cómoda circulación de los vehículos.

A mediados de este siglo, se llevaron a cabo algunas obras importantes que contribuyeron a mejorar las hasta el momento escasas infraestructuras locales. Así, en 1923, se acometió la primera obra de introducción de la electricidad en el pueblo; aunque no fue hasta 1957 cuando llegó por primera vez el agua corriente.

En este año, se construyó el Canal y se abordó un importantísimo proyecto: la construcción de los sistemas de Regadío y la puesta en marcha de la I Concentración Parcelaria que eliminaría el minifundismo, siendo ésta la primera la primera que se llevaba a cabo en la provincia de Palencia.

En 1958, coincidiendo con la modernización del sistema agrario de la localidad, se construyeron los "Barrios Nuevos". Se trataba de un total de 24 viviendas construidas por la Organización Sindical "Obra Sindical del Hogar y Arquitectura", que fueron alquiladas a sus inquilinos por la módica cantidad de 300 pesetas al mes. A finales de los 80, los inquilinos tuvieron la oportunidad de comprar estas viviendas por un precio que rondó las 100.000 pesetas.

 

 

 

 

IGLESIA DE LA ASUNCIÓN

 

 

La primera noticia escrita sobre la Parroquia de la Iglesia de la Asunción data del Libro II de Fábrica, folio 48, del año 1768, en el que se ofrece una relación de los diferentes libros parroquiales, situando al Libro I de Fábrica en el año 1624.

Según esto, la primera obra conocida en esta Iglesia se corresponde con la Torre Vieja, que en el año 1614 seguía sin derribar a la vez que no se había rematado la Torre Nueva, cuya obra había sido adjudicada al cantero Francisco de Arrontes por 14.000 reales.

La primera relación de alhajas de la Parroquia fue llevada a cabo en 1733, describiéndose en la misma algunas de las principales joyas propiedad de la misma.

En estos años se llevaron a cabo importantes obras como la Escalera del Coro (1735), que costó la nada despreciable suma de 119,5 reales; o el cancel de madera de pino para la Puerta Principal, realizado por el artesano de Becerril de Campos Francisco Díez Mata, por 950 reales.

En esta época se realizaron las dos principales obras de arte de esta iglesia, y que hoy siguen engalanándola. Se trata del Retablo Principal, construido en 1742 por el Maestro Retablista palentino Gregorio Portilla, que cobró por su obra 2.880 reales; y del Retablo de San Isidro, realizado en 1743 por el ya mencionado Francisco Días Mata, por 1.000 reales.

Hubo que esperar hasta 1755 para instalar el Retablo de Santa Ana, realizado por Luis Tamame por 500 reales.

En 1760 se doraron de nuevo algunas obras como el Altar Mayor o los Altares colaterales; mientras que en 1977 se acometieron algunas importantes obras como el Pórtico de la Iglesia, que alcanzó la suma de 5.000 reales.

En 1813 ocurrió el desastre. Los días 5, 6 y 7 de junio las tropas francesas llegadas a la provincia con motivo de la Guerra de la Independencia, saquearon todo lo que pudieron el pueblo, llevándose todos los ornamentos de oro y plata de la Parroquia. La compra de nuevas alhajas le costó a la Parroquia la cantidad de 2.370 reales, en cuya cantidad estaba incluida la compra de un nuevo esquilón para la torre, que pesaba nada menos que 5 arrobas y 5 libras.

En el año 1831, la Parroquia de la Asunción acometió una gran obra: la construcción del Campo Santo, que quedó fielmente reflejada en el Libro III de Fábrica, folio 79.

Nada destacable ocurrió hasta finales del siglo, cuando, allá por el año 1890 se pintó y reparó la imagen de La Asunción por 75 pesetas y se compró para la misma una Aureola de plata que costó 20 pesetas. En 1892 se acometió el entarimado de la Iglesia, cuya obra supuso el desembolso de 987 pesetas.

La modernidad, de la mano de Electricidad llegó en 1923, año en el que se acometió la instalación eléctrica.

Y otro desastre más. La ignorancia mezclada con la necesidad, hizo que en el año 1959, se enajenaran dos preciosas y valiosas tallas de San Juan y San Sebastián, de las cuales se tenía referencia desde el año 1865, según la Secretaría de Cámara del Obispado de Palencia.

 

 

 

SAN ANTONIO

 

San Antonio es el Patrón de Soto de Cerrato, aunque no lo fue siempre. Tradicionalmente, los soteños homenajeaban en su fiesta mayor a la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción, Patrona del pueblo y titular de la parroquia, el día 15 de agosto de cada año.

Como la mayoría de los habitantes de la localidad se dedicaba a la labranza, no podían celebrar adecuadamente la Fiesta, por la coincidencia con la temporada de la cosecha. Por este motivo, tras complicadas deliberaciones, decidieron cambiar la Fiesta Mayor a una época más adecuada para sus necesidades laborales.

Fue entonces cuando cambiaron las fechas festivas, convirtiendo a San Antonio, que celebra su festividad el día 13 de junio, en Patrón de la localidad, y relegando a la Virgen de la Asunción a Fiesta Menor.

Su Infancia en Lisboa

  Escasas e imprecisas son las noticias de los primeros biógrafos sobre la cuna e infancia de San Antonio. Ningún autor señala exactamente el año de su nacimiento que, por conjeturas, los autores fijan entre los años 1188 y 1191. Según el más antiguo biógrafo, nació en Lisboa, en una casa situada al Norte de la Catedral, en cuyo batisterio recibió las aguas bautismales.

Desde su más tierna infancia, Fernando –que así se llamó en origen-, procesó una especial devoción a la Virgen María, a la cual se consagró. De él cuenta un historiador que visitaba a menudo las Iglesias y Monasterios de la ciudad cuando era niño.

Sus padres confiaron su educación al maestrescuela de la Catedral para que le iniciaran en las materias del Plan de Escuelas Catedralicias de aquel tiempo: gramática, música, retórica, astronomía... etc.

Cuentan sus biógrafos que el Santo fue acometido en su juventud por la violencia de las pasiones; pero añaden, que nunca se rindió a las exigencias del placer. Estas crisis pasionales, son el principio de una vida sumida en la desesperanza y en el vacío que terminó con la decisión de ingresar en el Monasterio de San Vicente de Fora, situado en Lisboa, donde residió durante dos años.

A causa de las continuas visitas de amigos y familiares, decidió pedir su traslado a la Casa Madre de Coimbra, donde ingresó a los 17 años. A su intenso trabajo espiritual, acompañó siempre el estudio que consideraba complemento y perfección de su vida de piedad.  

Ingreso en los Franciscanos

  Enseguida conoció a los Franciscanos, cuando estos acudían al Monasterio en busca de limosna, y él mismo les atendía como responsable de la Hospedería. Estos, despertaron en él el deseo de consagrarse al apostolado.

Mientras permaneció en el Convento de Santa Cruz, le era imposible realizar sus sueños, llegando a la conclusión de que sólo podía llevarlos a cabo procesando en una Orden Franciscana.

Cómo la única manera de cambiar de Orden era con la autorización de los superiores de las mismas, en una de esas visitas les confesó sus intenciones diciéndoles: “Hermanos, recibiría con entusiasmo el hábito de vuestra Orden, si me prometierais enviarme luego de haber entrado a Tierra de Misiones”. Los frailes le dieron palabra, y a la mañana siguiente ingresó en esta Orden.

Con el fin de salvar las dificultades familiares y de algunos monjes, convino en cambiar su nombre, Fernando, por el de Antonio. Eligió este nombre, por ser el titular del Monasterio donde residían los Franciscanos. Además, se convino que tendría que viajar cuanto antes a las Misiones.

En el otoño de 1220, viajó a Marruecos, donde una terrible enfermedad le retuvo en cama, por lo que los Superiores de la Misión juzgaron conveniente repatriarlo para que atendiera a su convalecencia.

Con este propósito, se hizo a la mar, pero un recio viento empujó a la nave hacia Oriente, obligándola a atracar en las costas sicilianas. Antonio se refugió en el Convento Franciscano de las afueras de Mesina, y de allí marchó al Capítulo General convocado en Asis.

Su primer campo de acción apostólica fue Romaña, región invadida por los herejes, encontrando una fuerte oposición de éstos, que impedían que el pueblo de Rimini acudiera a escuchar sus sermones.  

Hablar con los peces

  El Santo recurrió entonces a la eficacia del Milagro. Ante la apatía del público por la Palabra de Dios, se fue a orillas del Mar Adriático y empezó a predicar a los peces diciendo: “Oíd la Palabra de Dios. Vosotros, peces del mar y del río, ya que no la quieren escuchar los infieles herejes.”

A su palabra, acudieron montones de peces, que sacaban sus cabezas fuera del agua con gran quietud, mansedumbre y orden. Aquel milagro, despertó gran entusiasmo en la ciudad, quedando en evidencia los herejes.

Al cabo de unos años de apostolado, Antonio fue nombrado profesor de Teología. Cerciorado San Francisco de su sabiduría y santidad, y convencido de las necesidades del estudio de sus frailes para el más completo desenvolvimiento de la Orden, le envió una carta en la que le daba su beneplácito como Lector de Teología de la Orden.

Poco duró el magisterio de San Antonio en Bolonia, por cuanto las necesidades generales de la Iglesia reclamaron su presencia en Francia para combatir la herejía. San Antonio fue uno de los elegidos del Papa para esta Cruzada.

El primer puesto de batalla de Antonio en Francia fue Montpellier, donde enseño teología a los religiosos de su Orden y desde donde pasó a Tolosa, donde ejerció el mismo ministerio.

En el año 1227 fue nombrado Superior Provincial de Romaña, cargo que ejerció con éxito hasta el año 1230. En el año 1229, fue enviado a Padua, donde, según uno de sus biógrafos: “habitaba con sus hermanos, pero espiritualmente habitaba en el cielo”.

Por indicación del Cardenal de la ciudad de Ostia, Antonio se dedicó a la composición de sermones para las festividades de los principales Santos y domingos del año. Llegada la Cuaresma, Antonio suspendió el estudio para dedicarse a la predicación, proponiéndose predicar durante 40 días seguidos, hazaña que llevó a cabo a pesar de la maligna enfermedad que arrastraba.  

El fervor del pueblo

Era tanto el fervor que el pueblo tenía a su persona, que las gentes se abalanzaban sobre él para recortar trozos de su hábito, ante lo cual, se tomó la determinación de desaparecer tras el sermos escoltado por sus fieles.

Consumido por su esfuerzo y enfermedad, se retiró al Monasterio de Camposampiero, donde conjugaba su vida de oración con la vida en comunidad. Hasta que el viernes, 13 de junio de 1231, tras recibir los Santos Sacramentos, expiró.

Los niños de Padua recorrieron entonces la ciudad gritando: “¡Ha muerto el Santo!, ¡Ha muerto San Antonio!”

El Papa Gregorio IX le concedió, al canonizarle, la misa de Doctor, que ininterrumpidamente se ha celebrado en su fiesta. Posteriormente, Pío XII se hizo intérprete de esa tradición secular, cuando el 16 de enero de 1946, le proclamó Doctor de la Iglesia, asignándole el título de Doctor Evangélico.

San Antonio no ha perdido actualidad, y su memoria es evocada constantemente por el pueblo cristiano, que ve en él al Santo que resucita muertos, que se hace escuchar por los peces, que convierte a los herejes, que aligera el bolsillo de los ricos a favor de los necesitados, que halla las cosas perdidas, y que allana los obstáculos que dificultan el contraer matrimonio, motivo por el que las “mozas” del pueblo le invocan en busca de marido.

 

 

EL CERRATO

 

Con una extensión de 1.534 km², casi 25.000 habitantes y a una altitud media de 783 m, esta comarca de la provincia de Palencia cuenta con 37 villas, un lugar y una ciudad.  

Geografía

Situada en la Submeseta Norte, dentro de la cuenca del Duero, esta comarca está presente en tres provincias (Palencia, Burgos y Valladolid). Dentro de la provincia de Palencia, su localización está en el Sur-Este de la misma.

  El Cerrato Palentino está limitado por Tierra de Campos por el Norte y el Oeste y los límites provinciales por el Este y el Sur.

  Numerosos pueblos del Cerrato como Alba, Baltanás, Hérmedes, Quintana del Puente, Vertavillo, Villaconancio...etc., son atravesados por la Cañada Real Burgalesa, que ponía en comunicación los finos pastos de las montañas de Burgos con Extremadura, un privilegio a favor del Concejo de la Mesta y que iba en perjuicio de la agricultura comarcal.

El relieve de esta comarca está constituido por una serie de mesetas o plataformas denominadas páramos calcáreos, de extensión variable, y separados unos de otros por valles. Los  accidentes del relieve se conocen con los nombres de "valle", "páramo", "ladera", "cerro", "loma", "cotarro" o "barranco". 

Las alturas  en el Valle oscilan entre los 931 metros en Greda (Cevico Navero) y los aproximadamente 722 metros de Baños de Cerrato.  

Ríos

Los principales ríos que atraviesan el Valle del Cerrato son:

- El Pisuerga que baña Astudillo, Torquemada, Villaviudas, Reinoso, Magaz, Soto, Baños, Tariego y Dueñas.

- El Esgueva que atraviesa Castrillo de Don Juan.

- El Carrión que baña la ciudad de Palencia, y las localidades de Villamuriel y Dueñas.

- El Arlanza que atraviesa Palenzuela, Quintana del Puente y Torquemada.

- El Franco que nace en Espinosa de Cerrato y pasa por Cobos.

 Clima

El Valle de El Cerrato cuenta con un clima templado-frío continental con estación seca, que tiene las siguientes características:

- Precipitaciones anuales entre los 400 y los 500 ml. de lluvia

- Más de 100 días de precipitaciones al año

- Temperatura media anual, entre los 11º y los 12 °C

- Una diferencia entre la temperatura media del mes más cálido y la del más frío de casi 18°C

- Unas temperaturas medias en invierno inferiores a los 6 °C

- Numerosas las heladas entre los meses de noviembre y abril

- Un verano en el que destacan altas temperaturas y escasez de agua

Historia

 La Historia del Valle de Cerrato está claramente ligada a la de la Provincia de Palencia. Del Paleolítico han sido encontradas armas y utensilios de piedra en la zona de Palenzuela, mientras que de la edad del bronce existen restos en Villaviudas.

Los vacceos dominaron este territorio natural hasta la invasión romana, en que comenzó la romanización. Estos pobladores construyeron numerosos caminos que atravesaban el Valle y de los que quedan abundantes vestigios, así como una importante influencia cultural, religiosa y arquitectónica.

  La civilización visigoda nos legó los elementos que constituyen la nueva sociedad hispana: el catolicismo, la nacionalidad, la monarquía... y el testimonio arqueológico más valioso de su dominación en el Cerrato: la Basílica de San Juan Bautista, en Baños de Cerrato, erigida por el Rey Rencesvinto en el año 661, que goza del privilegio de ser la iglesia cristiana más antigua de España.

  La invasión musulmana arrasó toda la Península, estableciéndose en la zona hacia el año 715. El Rey Alfonso III el Magno derrotó a los moros, favoreciendo la llegada de pueblos norteños (gallegos, cántabros...) a lugares estratégicos del Cerrato como Antigüedad, Astudillo, Baltanás..., hasta que el Conde de Castilla, Don Fernán González, consolidó la reconquista en la comarca y consiguió la independencia de Castilla en el año 948.

  Los Reyes Católicos nombraron a la localidad de Baltanás, Cabeza de la Merindad del Cerrato, que anteriormente había sido Palenzuela.

El reinado de Fernando VI se distinguió por la realización de grandes obras públicas, de las que también se benefició el Cerrato, con la construcción de los dos puentes de Palenzuela (1747), y de numerosos canales, entre los que destaca el de Castilla.

  En la época de la invasión francesa, entre el año 1808 y el 1814, el Cerrato fue escenario de continuos combates. Muchas poblaciones de la comarca fueron saqueadas durante esta época, llegando a tener en Dueñas, durante algún tiempo, su cuartel general el propio José Bonaparte, que también residió en la casa de la familia Jalón, en Palenzuela, en el mes de junio de 1813.

  Durante el reinado de Isabel II se fijaron los límites actuales de las provincias españolas, quedando las de Palencia, Valladolid y Burgos integradas en la comarca histórica del Cerrato.

 

 

PALENCIA EN LA PREHISTORIA

 

Palencia es una de las más antiguas ciudades de la península. Su origen se pierde en la prehistoria y entre las leyendas de los pueblos prerromanos. Una tradición afirma que fue fundada por Palatuo, jefe vacceo, hijo de Rómulo. Para otros, son los griegos quienes la fundaron y eligieron para ella el nombre de la diosa Pallas, que daban a Minerva.

Esta ciudad es nombrada por los historiadores antiguos (Appiano, Estrabon, Tito Livio) y por los geógrafos y naturalistas (Mela, Plinio). Precisamente Pomponio Mela escribe "clarisimae fuerunt Palantia et Numantia". Las relaciones entre estas dos ciudades, principales dentro de la Celtiberia en las que se centró la mayor oposición a la invasión romana, pueden darnos alguna pista sobre su antigüedad.

Aunque las minorías célticas habían introducido desde antiguo su cultura en la península, los íberos se distinguían bien de los celtas, tanto por su aspecto físico, como por tener una lengua muy diferente, que no era indoeuropea. Así lo reconocían los romanos. Y los nombres ibéricos de sus ciudades, ríos, montañas… permanecieron después de la denominada celtiberización de los habitantes de Iberia.

Por ello, se cree que el significado original de la palabra Palencia es ibérico, partiendo de la forma Palantia, con una sola L, como la nombra Ptolomeo. Así interpretaremos: ibai-lantia > ba-lantia > palantia ‘campos del río’. Pensemos que entre los astures existió la famosa ciudad de Lantia; que hacia los vacceos corre el río Arlanza (antes Aslantia: aitzs-lantia ‘campos de la peña’ y, desde luego, el mismo nombre de Numantia.

Es entre los nombres antiguos donde encontramos las casi únicas fuentes para conocer algo de nuestros orígenes. El investigador palentino F. Roberto Gordaliza reconoce un 14% de nombres prerromanos, fundamentalmente de origen ibérico, entre los actuales nombres de lugar de la Tierra de Campos palentina (Cfr. Toponimia Palentina. Palencia, 1993).

Estos nombres se fueron latinizando en mayor o menor grado. De la lenta romanización y entrada en la Historia del territorio palentino han dejado muestras los más antiguos autores: el historiador griego Appiano nos cuenta la cruenta emboscada que tendieron los palentinos a las tropas romanas con ocasión de una requisa de trigo; Plinio el Viejo nombra a los Palantini y da cuenta de la existencia de las misteriosas Fuentes Tamáricas en el norte de la provincia; los mejores generales romanos lucharon contra Palantia: Licinio Lúculo en el -151; Emilio Lépido en el -137 y por fin quien la dominó: Escipión el Africano.

Los abundantes restos arqueológicos hallados confirman la antigüedad de la ciudad. En el Museo Arqueológico provincial pueden verse interesantes cerámicas y fíbulas celtibéricas, bronces y “terra sigilata” vaccea. En cualquier caso, son sobre todo los restos romanos los que avalan la importancia de una amplia y profunda romanización en el territorio palentino, y demuestran el pujante florecimiento de una civilización de la que son su mejor exponente las posteriores y grandiosas villas romanas de La Olmeda y Cervatos, situadas en la provincia.

 

PALENCIA ROMANA Y VISIGOTICA

   

Palencia, al igual que el resto de la meseta norte, no fue dominada por los romanos hasta que no hubieron caído el sur y el este de la península. Entre los hitos que marcaron la historia de Palencia en este período destaca:

Guerra celtibérica (154-133 a.C.):

Cuando los romanos atacaron a los celtiberos en 154 a.C. también atacaron a los vacceos que ocupaban una situación estratégica en el paso del suministro de cereal hacia el territorio celtíbero. La guerra causó terribles pérdidas para los vacceos: muertes y cosechas destruidas durante veinte años, además de la pérdida de independencia política. Tras la caída de Numancia, Palencia pasó a ser parte de la Hispania Citerior.

Romanización

Los vacceos no se sometieron fácilmente. En varias ocasiones se sublevaron contra el abuso de los gobernantes romanos. En el año 74 a.C. Pompeyo cercó Pallantia y sus legiones incendiaron la ciudad. Pallantia se sublevó de nuevo en plena conquista de las galias por parte de César. En el año 16 a.C. los vacceos volvieron a sublevarse; sin embargo, la romanización acabó por imponerse. Se construyeron ciudades como Pisoraca, cerca de la actual Herrera de Pisuerga, que debe su origen al establecimiento en sus tierras de la Legión IV Macedónica; Lacóbriga, cerca de la actual Carrión de los Condes; y Pallantia. Hay que distinguir entre la Pallantia arévaca (la actual Palenzuela) y la Pallantia vaccea (precedente de la actual Palencia) rápidamente romanizada y que ya alcanzó importancia a mediados del siglo I.

La sociedad vaccea practicaba un colectivismo agrario que en un principio pervivió. Con el dominio romano mejoró la técnica agrícola y se introdujo la propiedad privada. También se desarrolló la ganadería.

A partir del siglo II, las ciudades decaen y las villas cobran auge. El siglo III destaca por las crisis sociales y el auge de las villas. Se concentra la propiedad y se crean latifundios.

Los siglos IV y V fueron de crecimiento, si bien hubo algunas crisis debidas principalmente a las invasiones de los pueblos bárbaros.

Los visigodos

Los visigodos establecieron su reino en tierras hispanas tras la caída del Imperio Romano. Su preferencia por zonas rurales y escasamente pobladas, hicieron de la futura Castilla su territorio por excelencia.

Son de especial importancia sus necrópolis y, entre ellas, la de Herrera. Pallantia fue otro importante núcleo visigótico.

La basílica de San Juan de Baños, fundada por Rencesvinto es un hito en la arquitectura visigótica.

   

LA REPOBLACIÓN

 

 La ocupación de la Península Ibérica por parte de los musulmanes se limitó a los territorios situados al sur del Tajo. En el valle del Duero se establecieron algunas guarniciones bereberes que desaparecieron a mediados del siglo VIII. De esta forma, el valle del Duero quedó como una tierra de nadie, entre Al-Andalus al sur, y el reino astur al norte, apenas quedó población en este territorio.

La montaña palentina se repobló de forma espontánea durante el siglo IX, en forma de núcleos familiares que se apropiaban directamente de las tierras baldías y se dedicaban al cultivo de cereales, huertos y a la actividad ganadera. Parece ser que el conde Nuño Núñez, pobló ya en el año 824 la localidad de Brañosera.

La mayor parte del territorio de Palencia fue repoblada durante el reinado de Alfonso III, en el último tercio del siglo IX. Este tipo de repoblación ya suele ser oficial y se hace por el rey en persona o por delegados reales. Primero se repobló Saldaña, más tarde Tierra de Campos y el Cerrato, en especial es triángulo formado por Carrión, Cisneros y Astudillo, y finalmente, ya acabándose el siglo IX, se repoblaron Dueñas y Monzón. El proceso de repoblación continuó durante los siglos X y XI.

La sociedad surgida de la repoblación era básicamente rural, organizada en pequeñas aldeas con fuertes lazos de solidaridad interna, en la que tuvieron gran importancia los pequeños propietarios libres. Por otra parte la nobleza, (condes de Saldaña, Carrión y Monzón) se fortalece y también las instituciones eclesiásticas (monasterios de S. Félix, en Cisneros; de S. Isidro, cerca de Dueñas; y Santa María de Mave, en el norte de la provincia).

La colonización fue obra de castellanos y leoneses. En un principio, el río Pisuerga fue frontera ente el reino de León y el incipiente condado de Castilla. A partir del siglo IX Castilla y León disputa la zona de tierra de Campos situada al oeste del Pisuerga. Allí tuvo lugar la batalla de Tamarón, en el año 1037, en la que murió el último rey leonés; mientras Fernando, el vencedor, se proclamó rey de Castilla y León. A mediados del siglo XII los reinos se separaron y volvieron a surgir las disputas. Con la unificación en 1230 de los reinos de Castilla y León concluyeron las disputas.

   

LA EDAD MEDIA EN PALENCIA

 

Durante el siglo XV Palencia experimentó un notable crecimiento y prosperidad. La ciudad se expandió hacia el sur y el este. El nuevo recinto amurallado incorporaba la iglesia de San Pablo y los terrenos en torno a la iglesia de San Francisco. Y en los albores del XVI se incorporaban La Puebla de San Lázaro y la zona que se extendían más al sur de la ciudad. Hacia 1530 la ciudad contaba con 7.168 habitantes.

Carrión también había alcanzado cierta importancia debido a sus ferias y sobre todo a la actividad textil. En Palencia, la mayor parte de la actividad manufacturera (tejedores, tundidores, pellejeros...), se concentraba en el barrio de La Puebla donde trabajaba la mayor parte de los artesanos dedicados a la fabricación de paños.

Durante la Baja Edad Media la administración local creció significativamente. El concejo regulaba el abastecimiento local, la política urbanística, el avecindamiento, la seguridad ciudadana, el mantenimiento de oficios públicos (pregonero, médico, verdugo, campanero, etc.), e incluso la vigilancia de la moral pública.

El concejo palentino fue un caso peculiar en la Meseta castellana: los cargos municipales eran nombrados por el obispo en vez de por el rey, como sucedía en otras ciudades de realengo. Además, los oficios municipales como merino, mayordomo, diputados... no eran ocupados de forma vitalicia por caballeros.

El primero de marzo de cada año, la ciudad proponía una lista de candidatos al obispo, el cual seleccionaba cuatro alcaldes y doce regidores.

Los palentinos lucharon por desvincularse del yugo señorial, y aunque no lo lograron, a finales del siglo XV la intervención de la Corona era cada vez mayor y la institución señorial se encontraba muy debilitada.

   

LA EDAD MODERNA EN PALENCIA

 

 

La organización del poder

Las disputas entre el obispo y el concejo durante el siglo XV determinan la intervención real que introduce la figura del corregidor, un delegado real, que reduce el poder del obispo.

El poder real se fortalece en el siglo XVI tras la batalla de Villalar. A mediados del este siglo la bancarrota de la monarquía provoca las enajenaciones de bienes y cargos públicos, y las regidurías (de transmisión hereditaria) se venden a la oligarquía urbana. Esto, unido a la descomposición del señorío en 1574, privan de representatividad al municipio que queda en manos de unas pocas familias: los "veintidós". Estas familias se hacen con dos votos en Cortes en 1666 y se libran de la dependencia fiscal a Toro.

Con el reformismo borbónico, a la figura del corregidor se une la figura del intendente, con amplias competencias en policía, justicia, finanzas y guerra.

Tras los motines de 1766 se crean las figuras de diputados del Común y procurador síndico personero, elegidos por el pueblo y encargados de defender los intereses del pueblo en lo relacionado con los abastos.

Tal situación se mantendrá hasta la implantación del sistema constitucional en el primer tercio del siglo XIX.

El siglo XVI. Un período de expansión

La producción agraria crece de forma considerable hasta la mitad de siglo. Por otra parte nace una industria textil basada en el trabajo de la lana. Todo ello, unido a la comercialización de los productos a través del sistema de ferias y mercados y a la creación de actividades secundarias y terciarias, genera una época de prosperidad que durará hasta finales de siglo, en la que Palencia y Castilla constituyen el corazón económico y demográfico del imperio.

La bancarrota de la monarquía lleva a un aumento de la presión fiscal, acabando la moderación de las rentas de la tierra, y de los derechos señoriales y fiscales. La época de prosperidad finaliza.

El siglo XVII. Un período de decadencia

La política internacional de los Habsburgo exigió unos gastos desorbitantes a la monarquía española. Para sufragar estos gastos los Reyes no dudaron en aumentar impuestos y en aliarse con cuantos pudieran contribuir a sostener económicamente la monarquía, procediéndose a la enajenación masiva de tierras baldías y concejiles.

La producción agraria no creció desde 1580, y a partir de 1600 decrece. El Estado, la aristocracia y los municipios se endeudan. La burguesía comercial invierte en la compra de títulos y rentas. Las malas cosechas y las epidemias agravan la situación del campesinado que se empobrece y ya no puede consumir productos manufacturados. Se reduce la demanda de bienes industriales, y las villas y mercados que crecieron durante el siglo pasado ahora languidecen.

La ciudad de Palencia tenía 11526 habitantes en 1587, pasando a teneren 1599, 5143 habitantes.

Felipe II vendió pueblos de realengo a ricos aristócratas. Otros pueblos como Cisneros o Becerril pudieron comprar su libertad. A Cisneros le costó cuatro millones de maravedíes; a Becerrril, nueve.

Durante el siglo XVI fueron vendidos cerca de cincuenta pueblos del centro de la provincia.

La sociedad se vió reducida al dominio de la aristocracia, del clero y de los oligarcas urbanos, que apoyados por el rey viven de la actividad rentista, sin inversión productiva, lo que impide la recuperación económica.

En 1700, ejércitos de vagos, mendigos y pobres de solemnidad pueblan la ciudad y la provincia de Palencia. La peste y las epidemias se ceban sobre una población que malvive.

El siglo de la Ilustración. Un período de recuperación incompleta  

El siglo XVIII es un período de recuperación de la actividad y la población en Palencia aunque no alcanza los niveles del siglo XVI.

La agricultura (cereal y viñedo) es la principal actividad económica y, debido a su baja productividad, la que más población ocupa.

La propiedad de la tierra no está en manos del labrador. Según el censo de Godoy, a fines del siglo XVIII, sólo el 12% del campesinado era propietario. Y dentro de ese porcentaje se encuentran los pequeños propietarios del norte de la provincia, que apenas subsistían con su exigua propiedad.

De las 1512 casas que tenía la ciudad por entonces, sólo 170 pertenecían a propietarios laicos.

La renta de la tierra, la múltiple fiscalidad (estatal, municipal, señorial y eclesiástica), y las operaciones especulativas en censos y ventas de granos, acentuaron la concentración de la riqueza, impidiendo generar ahorro, una demanda sostenida y el desarrollo de una fuerte actividad industrial.

Los sectores industriales más importantes eran los destinados a satisfacer las necesidades primarias de la población: alimentación, vestido, calzado y vivienda. Se daba una producción autárquica en la que cada núcleo poblacional se proveía a sí misma para satisfacer sus principales necesidades.

En Palencia, la industria lanera sobresalió por encima de todas las actividades industriales. En 1692 había más de 200 telares y ocupaba a más de 3500 personas en Palencia y pueblos circundantes.

La mejora de la producción agraria e industrial rompió la tendencia regresiva del siglo anterior aunque no permitió un crecimiento demográfico importante.

Esta época vio la construcción del Canal de Castilla. Su objetivo era dar salida por mar, a través del puerto de Santander, al grano de Castilla. Aunque el proyecto sufrió múltiples vicisitudes y no alcanzó este objetivo, el impacto comercial e industrial del Canal de Castilla fue extraordinario para la floreciente industria harinera de Palencia y Castilla. La realización del camino carretero de Reinosa a Santander y del camino del puerto de Guadarrama permitió la salida de los excedentes agrarios castellanos.

   

PALENCIA EN LA EDAD CONTEMPORANEA

 

La crisis del Antiguo Régimen y la instauración del régimen liberal-capitalista

A inicios del siglo XIX Palencia aún no se había recuperado demográficamente y se encuentra con la invasión napoleónica de 1808.

El general Diego de Tordesillas, como presidente de la Junta de Armamento, decreta la movilización general ante la inminente llegada de las tropas francesas acantonadas en Burgos.

En Torquemada, los vecinos se resistieron heroicamente ante un enemigo muy superior, mientras que en Palencia se decidió desistir de una defensa sin posibilidad alguna, y el 7 de junio de 1808 los franceses entraron en la ciudad. Posteriormente los franceses ocuparon los principales núcleos: Dueñas, Carrión, Aguilar, etc.

Las tropas castellanas del general Cuesta fueron derrotadas en Cabezón, y posteriormente, las tropas anglo / hispanas también fueron vencidas en Medina de Rioseco, con lo que Castilla quedó por completo en manos francesas. Palencia fue ocupada por un fuerte contingente dada su posición estratégica en el eje Madrid-Irún. Sin embargo, cientos de habitantes de la provincia formaron parte de las guerrillas.

La población hubo de soportar el mantenimiento de las tropas francesas. El comercio se hundió y la crisis económica duró décadas. A esta prolongación de la crisis contribuyó la inestabilidad política y la falta de continuidad del modelo liberal: el Trienio Constitucional fue breve, la desamortización de los bienes del clero y de la nobleza no revirtió en el campesinado, y la guerra carlista tampoco favoreció.

Hasta 1834, con el Estatuto otorgado por la Regencia de Maria Cristina, no se implantaría definitivamente el sistema liberal capitalista.

Nace entonces una nueva sociedad: un sistema electoral censatario y masculino, la instalación de la igualdad personal ante la ley y la justicia, un nuevo sistema educativo con la Ley Moyano de 1857..., etc.

Una de las medidas más transcendentales fue la desamortización. A lo largo del siglo XIX se vendieron en la provincia de Palencia en torno a 29000 fincas por un precio de remate superior a 217 millones de reales. Las propiedades pasaron a manos de la nueva burguesía sobre todo harinera y rural, que potenciaron la producción cerealista. En la ciudad de Palencia, entre 1836 y 1868 cambiaron de propietario 529 edificios con un desembolso de más de 15 millones de reales.

La ciudad se trasformó urbanísticamente, debido tanto al fenómeno de la desamortización que liberó grandes extensiones de propiedad urbana como al ascenso de la burguesía y, en general, de las clases medias al poder. Las condiciones de salubridad en el primer tercio de siglo eran pésimas, y ello se vio reflejado en las sucesivas oleadas de epidemias de cólera que sufrió la ciudad desde 1836.

La burguesía capitalina tomó medidas: alineación de calles, alcantarillado, pavimentado, derribo de murallas, apertura de espacios abiertos y ajardinados, mejora de traída de aguas potables a las fuentes públicas, dotación de centros asistenciales..., etc. También se notó la mano de la burguesía en una serie de medidas de carácter específico: rehabilitación del teatro (1836), creación de Institutos de Segunda Enseñanza (1845), plaza de toros (1856)..., etc

La actividad industrial en Palencia

La industria harinera

En 1820 se estableció el proteccionismo a la actividad harinera. Esto significa que el abastecimiento nacional y colonial había de efectuarse a través de las fábricas nacionales. Durante las décadas centrales del siglo XIX se construyeron grandes complejos fabriles. En 1856, Palencia, junto a Valladolid y Santander disponían del 50% de la capacidad nacional de molturación de grano.

La mejora de las comunicaciones permitió aguantar la competencia externa y dar salida a los excedentes palentinos.

La crisis bancaria de 1864 supuso la caída de algunas grandes fortunas y originó una nueva generación de industriales. Se acabó el monopolio castellano, en beneficio de la nueva industria harinera del litoral.

La crisis de fin de siglo y la pérdida de las últimas colonias obligó a proteger la industria con gravámenes sobre las importaciones. Se adaptaron las fábricas como centros de producción eléctrica y surgió una nueva industria alimentaria, como la azucarera en el sur y la galletera en el norte de la provincia.

Durante la Guerra Civil la industria harinera del litoral quedó en el bando republicano, con lo que se benefició la producción en el interior. El nuevo Estado franquista llevó a cabo una política intervencionista y proteccionista, lo que permitió buenos beneficios, pero, a su vez, impidió la mejora de la estructura productiva. Al caer la demanda en el consumo de pan y otros productos alimentarios, se produjo la caída de numerosas fábricas y la concentración de las restantes.

La industria minera

Las inversiones en la industria minera del norte de la provincia comenzaron a mediados del siglo XIX. La construcción del ferrocarril entre Orbó y Quintanilla de las Torres significa la salida y distribución del carbón a toda el mercado nacional.

En el período de 1871 a 1885, Palencia aportó el 20% del carbón nacional. La entrada del carbón asturiano y leonés disminuyó el porcentaje de participación. La producción disminuyó a finales de siglo.

La I Guerra Mundial significó un paréntesis de gran demanda. La dictadura de Primo de Rivera con su política de obras públicas y protección a la producción nacional, llevó al aumento de la producción.

Durante la Guerra Civil la producción cesó al ser la zona frente de batalla. Con la política autárquica del estado franquista la producción creció, pero no se mejoró la estructura productiva.

En la actualidad, el recurso al consumo de hidrocarburos y los altos costes de producción de las minas palentinas hacen que el proceso de cierre de minas sea continuo.

La industria lanera

La coyuntura económica con sus crisis de fines del XVIII y principios del XIX, puso de manifiesto la endeblez de la industria textil palentina. En la tercera década del siglo XIX, en Sabadell, Tarrasa, Alicante y Málaga surge una industria textil en la que el cardado y el hilado están mecanizados. Los telares de madera palentinos son incapaces de competir.

Se consigue aguantar este primer golpe especializándose en la producción de paño barato para el vestido popular (el paño de Astudillo), y en las célebres mantas de la capital.

La mezcla de familias permite crear tres centros industriales con modernas fábricas de mantas: La Aurora en Astudillo, Manufacturas Textiles de Castilla en Alar del Rey, y David Rodríguez, Casañé, Fernández y Ortega Suazo en la capital.

Esta industria tuvo buenos beneficios durante la I Guerra Mundial y, sobre todo, durante la Guerra Civil.

Tras el Plan de Estabilización y la liberación del mercado nacional en 1959, la industria lanera palentina intentará aguantar a través de fusiones. Después, irá cerrando sus fábricas una tras otra. La última en cerrar fue David Rodríguez en 1987. Ahora sólo queda la fábrica de hilados de Alar del Rey, y Mantas Palencia S.A.L. creada en 1990 por el empeño de sus trabajadores.

La Segunda República y la Guerra Civil

En las elecciones municipales de 1931 las zonas agrarias (Saldaña, Carrión, Astudillo, Frechilla, Cervera) votan por la monarquía mientras la zonas más industriales (Barruelo, Guardo, Venta de Baños, Dueñas, Villarramiel, Baltanás y Palencia lo hacen por la República). En el cómputo general, la provincia vota por la monarquía.

La política laica de la República es contestada fuertemente en la provincia. Se llegan a recoger 60000 firmas en contra del gobierno. En las elecciones de 1933, gracias al voto femenino, la provincia se decanta por los conservadores.

La revolución de octubre de 1934 y su reflejo en la cuenca minera, radicalizó las posturas y en las elecciones de 1936 sólo hay dos candidaturas. El 19 de julio de 1936, tras triunfar la sublevación en Valladolid, el regimiento de Villarrobledo toma el poder en la capital. Algunas localidades mineras resisten hasta la caída de Santander en 1937. El "maquis" sostendrá durante algunos años enfrentamientos en los montes palentinos con la Guardia Civil.

Durante la guerra Palencia se organiza como provincia de retaguardia, movilizando todos sus recursos para el abastecimiento de las tropas sublevadas. Tras la victoria del ejercito sublevado, llegó la recompensa al apoyo: 31806 palentinos tuvieron que abandonar sus hogares en la década de 1950; 47557 lo tuvieron que hacer en la década de 1960.

La recuperación del nivel de vida anterior a la guerra civil no se produjo hasta bien entrados los cincuenta.

A partir de 1960 se inició, de forma generalizada, la mecanización del campo y, como consecuencia, la despoblación del medio rural. Sin embargo, la producción agraria castellana no se encontraba lo suficientemente adaptada para competir con el resto de los países europeos.

La entrada en la CEE conllevó la entrada en la política agraria comunitaria, que no ha podido resolver la situación agrícola de aumento de la producción y caída en la demanda de productos extensivos.

Actualmente, el 76% de la producción industrial se la reparten los sectores de transformados metálicos, alimentación y bebidas, y agua-electricidad.

 

 

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